Mi más antiguo tesoro data del 6 de enero de 1965. Yo no había cumplido 2 meses.
Cuando me preguntaron años más tarde el nombre de la osa, dije Mateo.
Al nacer mi hermana muchos de mis juguetes sufrieron ataques desproporcionados.
El verano de 1972 recuerdo haberle cosido y pegado por última vez las orejas, el rabo y los ojos.
Se ve que los Reyes trajeron a mi madre un bolso que debió perecer en combate por los ataques, también desproporcionados, de la moda.
La osa Mateo continúa casi intacta entrado el siglo XXI.
