VE TÚ POR MÍ
La primera vez que lo vi, su foto en blanco y negro me miraba fijamente desde el estante de una librería de segunda mano. Los demás libros estaban de canto. Sin duda el librero confiaba más en el magnetismo del autor.
Me acerqué, busqué simetrías en su cara. A la izquierda punzante, agudo, enérgico. A la derecha pensativo, reservado, casi cruel. Le di la vuelta al libro: Bruce Chatwin, "Los trazos de la canción". Nunca había oído hablar de él. Abrí una página al azar:
"¿Por qué, se preguntaba, un hombre que tiene suficientes medios para seguir viviendo se siente impelido a distraerse con largos viajes por mar? ¿Para residir en otra ciudad? ¿Para ir en busca de una bicoca? ¿O para participar en la guerra y romper cabezas? ¿Acaso, me preguntaba, nuestra necesidad de distraernos, nuestra manía por lo nuevo, era, en esencia, un impulso migratorio instintivo afín al que experimentan las aves en otoño?
Pagué las 550 pesetas y salí de allí con una piedra caliente por corazón.
"Los trazos de la canción" me llenó la cabeza de preguntas sin respuesta. Después llegaron "Utz", "Colina negra" y "En la Patagonia".
Decir Patagonia es nombrar el punto más allá del cual nadie puede ir. Tierra de nadie, llanuras vacías, silencio absoluto, libertad. Por supuesto es mi imaginación la que habla. Técnicamente es la región más austral del planeta formada por suaves llanuras y paisajes salvajes, donde se unen realidad y mito.
Los primeros que llegaron la llamaron Tierra del Diablo. Cuando Darwin descubrió que era un cementerio de huesos de mamíferos prehistóricos y bosques petrificados se la tomó por un País de las Maravillas.
La obra de Chatwin, que es sobre todo pictórica, encontró su equivalente en los cuadros de Eileen Gray, una artista exiliada afincada en París. Chatwin vio un cuadro de Gray cuando fue a su piso para escribir un artículo sobre ella: un mapa de la Patagonia. Ambos querían ir. Gray dijo: "Yo ya soy demasiado vieja. Ve tú por mí."
Chatwin, sin duda, metió en su mochila una lata de sardinas y media botella de champán, y dijo que el libro sería un intento de dar una visión cubista de la región. Describirá lo que vea y oiga a su alrededor pretendiendo evitar escribir sobre lo que siente. Así nos descubre que los habitantes de la Patagonia no eran parte de una nación sino una colección de expatriados y exiliados que se sentían más cómodos consigo mismos cuando estaban en el extranjero. Y otra vez: "¿Por qué deambulan los hombres en lugar de estarse quietos?"
A Chatwin sólo lo he visto en foto fija y en blanco y negro. Por eso no soy capaz de imaginarlo hiperactivo: "No solía quedarse quieto: ni en el mismo cuarto, ni en la misma ciudad ni en el mismo país." Muchos escritores creen que existe un lugar perfecto para crear. Puede que fuera su caso.
Bruce Chatwin murió, no sé si habiendo encontrado respuestas, en enero de 1989 con 48 años y 6 libros escritos. Lo que sí sabemos es que sus libretas de apuntes están llenas de aproximaciones: "Esta vida es un hospital en el cual a cada enfermo lo posee el deseo de cambiar de cama. Uno preferiría sufrir junto a la estufa. Otro cree que se recuperaría si descansara junto a la ventana. Yo pienso que sería feliz en aquel lugar donde casualmente no me encuentro, y este asunto de cambiar de casa es el tema de un diálogo perpetuo que mantengo con mi alma." Eran palabras de Baudelaire.
Chatwin fue famoso tanto por la intensidad de su presencia como por sus ausencias.
Me acuerdo ahora de George Sand: "¿Por qué viajar cuando no se está obligado a hacerlo?" Quizá la respuesta no sea más que aquellos versos de Marcel Wauters: "Alarga la mano a través de la pared / Más allá del país del tiempo hay arena".
"Con Chatwin" Susannah Clapp. Muchnik Editores. Barcelona, 1997
Toda la obra de Chatwin está publicada por Muchnik Editores S.A.
Publicado en la revista "Polibea turismo" nº1. Madrid, 2002.
