
Juan Ramón Hernández, un hombre necesario
MIGUEL G. MORALES
Juan Ramón era ante todo Sonrisa. Su sensibilidad le corroía los huesos y todos los pelos de su barba y le hacía único. Nunca se sentía del todo satisfecho de sus trabajos, siempre había algo que podía mejorar, que podía haber hecho de otra forma. Buscaba constantemente y eso dice mucho de un gran profesional que se defendió como nadie por sacar adelante sus proyectos en Televisión Española y fuera de ella. Su serie Atlantes ha sido un hito en la Televisión hecha en Canarias y su inteligencia al recrear una Atmósfera felliniana en La azotea de Calero es magnífica. Aprendió a hacer productos a "cuatro duros" (como todos los programas culturales canarios de Televisión), productos que realizados como él los realizó, serían de auténtico lujo para una televisión en Francia o Inglaterra. Sin embargo, en estas islas llenas de hipocresía y envidias no tuvo el eco necesario. Juanra era un tipo que luchaba "solo" y como nadie por sacar proyectos que no interesan a los que deciden la programación. Él luchaba por pequeños programas culturales llenos de grandeza humana, programas que son más importantes en el tiempo que cualquier otro. Enróllate, Visualizaciones, Tamarco, La Espiral o Activa2 son algunos de ellos. Amaba el cine y la danza. La danza, sobre todo. Recuerdo bucear junto a él en los archivos de Televisión Española y encontrar cosas tan ocurrentes como un conjunto de bailarines descubriendo y recorriendo el vacío y recién inaugurado edificio central de CajaCanarias, dándole una energía impresionante a esas inmensas y frías salas. Lo mismo hizo en su película ADN con una familia de bailarines llenando el inmenso vacío de El Tanque con belleza y gusto. Esas imágenes de un viejo Pérez Minik caminando entre la gente por la calle del Castillo, en el muelle o en el Círculo de Bellas Artes son impagables, son un legado único. Hay un bello documento que filmó hace unos años sobre La Gomera del que estaba muy orgulloso. Había cogido una cámara y en unas horas en Vallehermoso había captado su infancia en espacios vacíos y de una manera impulsiva que te emocionaba en solo tres minutos; eso, no lo hace cualquiera. Lo último que preparaba era un documental sobre el silbo gomero, otra vez en su isla. En El sueño del ermitaño pudo trabajar con su gran amiga Mercedes Ortega realizando un bello retrato surreal en un blanco y negro auténtico. Ella le entregaría hace unos años en el Festival de Cine de Las Palmas un merecidísimo premio por ADN. Y fue tras un festival, tras un último estreno suyo, cuando se fue a buscar sutilidad por allá arriba. Con su sonrisa, con su inmensa sonrisa amable y profunda. ¿Cómo será ’Sensibilidad’ en silbo gomero? La última imagen que tengo de él es en la oscuridad de una sala de cine, sus ojos brillaban al ver su trabajo reconocido, sin embargo, nunca se creyó nada en este mundo de egos. Personas como Juan Ramón hay muy pocas. Un tipo con educación, humildad, con clase, solitario, sencillo y cariñoso. Ahora que nos deja, reivindico a gente como él. Reivindico su energía y añoro que no hubiera podido expresar todo lo que llevaba dentro. Yo entendí tu búsqueda y siempre la reivindicaré. Hasta luego.
Diario de avisos, 6 abril 2006.

La Gomera, 28 abril 1955
Sta.Cruz de Tenerife, 4 abril 2006
espero que el viento no te lleve
en todo caso, que te traiga