LISÍSTRATA
-No sabes nada de griegos -dice mi amante desde detrás de la mampara translúcida.
Me cepillo los dientes. Cierto, no sé nada de griegos. Ni de griegos ni de lengua (y literatura). Aprobé en septiembre la de segundo porque soñé las preguntas. En tercero fui la única de mi clase que aprobó matemáticas. Escupo.
-Pitágoras era griego, ¿eso no cuenta? -respondo.
Los libros llegaban al verano como arroz envuelto en hojas de parra, intactos. Los griegos mejor al sol, al aire libre de palabras académicas y exámenes sorpresa.
Aristófanes, en "Las nubes", me enseñó a parar la lluvia. También aprendí a no creer en dioses ... ¿dónde has visto tú que alguna vez llueva sin nubes? Sin embargo, lo que tendría que ser es que él hiciera llover con el cielo despejado y que éstas estuvieran ausentes... De todos modos no me fío de este griego.
A primera vista, en "Las asambleístas" por ejemplo, parece que la razón de las mujeres prevalezca sobre la sinrazón de los hombres, sin embargo cuando las mujeres sustituyen a sus maridos en la Asamblea por querer cobrar y votar decretos descabellados, las leyes de sus esposas resultan ser aún más peregrinas.
Mal empezamos, pensé al leer:
Lisístrata.-Cleonice, estoy en ascuas y muy afligida por nosotras las mujeres, porque entre los hombres tenemos fama de ser malísimas...
Cleonice.-Es que lo somos, por Zeus.
Pero, como todos, este libro se puede leer de muchas formas (dejémoslo en dos). Si quiero escribir una crítica -por poner- para una afamada revista, me da por pensar que, en "Lisístrata", el autor plantea algo no del todo disparatado: ellas, espartanas y atenienses, cansadas de lo poco que disfrutan de sus maridos a causa de la guerra, y hartas de criar hijos para que los maten en el frente, deciden no volver a acostarse con ellos hasta que no firmen la paz.
Lisístrata.-Pues bien, tenemos que abstenernos del cipote. ¿Por qué os dais la vuelta? ¿A dónde vais? Oye, ¿Por qué hacéis muecas con la boca y negáis con la cabeza? ¿Por qué os cambia el color? ¿Por qué lloráis? ¿Lo vais a hacer o no? ¿Por qué vaciláis?
Cleonice.-Yo no puedo hacerlo: que siga la guerra.
De la guerra se ocuparán los hombres, decía Homero en la "Iliada".
Cleonice.- Y, ¿qué plan sensato o inteligente podrían realizar las mujeres, si lo nuestro es permanecer sentadas, bien pintaditas, luciendo la túnica azafranada y adornadas con el vestido recto y con las zapatillas de moda?
Y me da que en esta obra salimos todos mal parados. Nosotras (fama de borrachas y fornicadoras, según leo), porque sólo somos capaces de ponernos de acuerdo si tenemos que dormir sin capullo, solas del todo. Ellos, por andar en el campo de batalla tapándose el miembro (duro y erguido como ólisbos de piel de perro) con la capa.
Si, por el contrario, me siento al sol sólo a disfrutar, me quedo con la escena en que Lampito llega a la cita acompañada de dos jóvenes (nada como los desnudos gratuitos, con o sin exigencias de guión, sobre todo cuando ...por Zeus, y se han depilado muy elegantemente el poleo...), en la que la traductora, Elsa García Novo, ha transcrito en una especie de andaluz el dialecto laconio.
¿Alguien imaginó alguna vez a Lampito y al embajador espartano con las voces de Paz Padilla y Chiquito de la Calzada?
Ante todo, Aristófanes era un pacifista y un escritor de comedias: sus obras son teatro, no lección de moral. Así pues, que siga la guerra, perdón... la fiesta.
-¿Está listo el desayuno? -dice mi amante desde dentro de un albornoz blanquísimo.
-¿Café o menta poleo, amor?
Publicado en la revista "nosOtras. Bizkaia, 2000.
Autor: Aristófanes.
Editorial: Alianza Editorial, 1993.
