










Por lo que he podido ver, el centro de Maô es pequeño y las callejuelas recuerdan a Gibraltar, he oído decir desde uno de los bolsillos. Se me van los ojos detrás de unos bollos que hay en el escaparate de la panadería "La mejor" en la Plaza del Carmen, junto al mercado. La iglesia que da nombre a la plaza tiene un órgano enorme que, dicen, fue recogido del mar procedente de un naufragio.
Si lo que uno quiere es mirar, el Bar Nou, en carrer Nou es el mejor. Dentro sólo socios, pero en la calle, bajo la marquesina, se está de miedo. Ojalá lloviera, he oído decir. También tiene una primera planta, que para tomar una copa por las noches, mirando desde el balcón, debe de ser la gloria.
Aquí la bebida oficial es la ginebra Xoriguer, que con refresco de limón le llaman Pomada.
Hemos ido a cenar a Can Pota, un bar moderno que antiguamente fue tostadero de café. Tomate con queso de cabra y surtido menorquín (embutidos varios). Buenísimo.
Por la mañana amanece nublado. La humedad de esta ciudad va a matarnos.
Mirador café, como su propio nombre indica, está en un mirador desde donde se ve el puerto. Las camareras son jipiosas y muy graciosas. Cuando empezó a llover agradecí que me sacaran de la mochila porque adoro la lluvia. Fue un chaparrón de verano, corto e intenso. El sonido de los goterones sobre el toldo fue de lo mejor del viaje. Y después el olor, el olor a mojado sobre las piedras, evaporándose.
Me gustan los museos, aunque siempre temo perderme en sitios tan grandes. Antes de entrar, un terremoto: voy en el bolsillo y Bk da saltos de contenta porque acaba de ver en la acera a la cantante de Pauline en la playa. Del museo merece más la pena el edificio que los cuadros. No sé si lo he dicho antes pero, aquí donde me veis, con mis apenas 6Cms soy un especialista en Arte. Lo que más nos ha gustado ha sido una temporal de joyería contemporánea, sobre todo un broche de una chica. El broche se titulaba "Mi casa en Menorca". Una joya en todos los sentidos.
Después de pasear al sol por calles con puertas pintadas de azul marino y verde oscuro, comemos en Casa Pilar, otro sitio modernito agradable con menú. Al fondo del comedor hay una niña pelirroja de 5 años que debe de ser buenísima, pues sus padres le han permitido que pida dos postres.
Al sur de Maô, Binibeca, pueblo famoso por limpio y silencioso (en sus callejones, letreros: "Silencio, por favor"). Fue pueblo de pescadores, ahora, tan encalado y tan limpio, parece de cartón piedra. Una pena. Muy cerca el Talatí de Binissafullet.
Aunque no lo parezca, también me gusta el chill-out porque relaja mis puntas de puercoespín, así que he insistido en que me llevaran a Cova den Xoroi, un bar (cafetería y discoteca) excavado en una cueva con vistas al mar. Esperamos hasta que cae el sol.
En el Puerto de Maô hay bares y restaurantes de muy turísticos a turísticos. Elegimos Elephant porque el interior es fucsia, pero nada reseñable.
El poeta José Luis Gallero (he de decir que también soy un pequeño gran lector) le dijo a Bk que si pasaba por Es Castell, a 4Kms de Maô, le dejara a Gloria recuerdos de su parte. Gloria tiene un bar llamado "Chéspir". Gloria no estaba. Los recuerdos quedaron impresos en rotulador rojo. Las hierbas secas saben a pastís. Para otra vez, mejor dulces.
Por la mañana bajamos al puerto. Con luz no parece el mismo. En la bodega de Xoriguer se pueden probar en unos vasos minúsculos todas sus bebidas y, después, comprar si quieres. La cafetería más antigua del puerto es Baixamar. La más antigua y donde más ricas están las ensaimadas.
Hoy haremos picnic en la playa de Es Grau. Demasiadas algas.
Por el camino, indicaciones al Talatí de Dalt. Privado. Si quieres pasar a verlo, 3 euros al canto.
Y llegamos a Ciutadella.
Lo mejor para ver la isla es alquilar un coche. De Maô a Ciutadella no hay más de 45 kms.
Si uno se quiere comprar unas abarcas (yo prefiero ir descalzo) este es el lugar adecuado: montones de modelos y precios.
No es que yo sea un gran bebedor, pero una cervecita obligatoria en la calle peatonal del pueblo, bajo la estatua del cordero, para ver pasar a la gente no hay quien me la quite. Como están celebrando las fiestas de Sant Joan, hay mucha gente el las calles, venden globos y juguetes, y hasta pasa la procesión del Corpus con niñas vestidas de comunión. Nos gusta Ciutadella, oh yeah!
Cenamos en La cayena, en un patio muy agradable. Tanto el wok como el tinto de la casa, Laus, están buenísimos.
El puerto está muy animado, pero si quieres tranquilidad bajas a un paseo de madera que hay pegado a las rocas y es como si estuvieses solo en el fin del mundo. Nos han dicho que cuidado con las rissagas, ya que sube el nivel del mar 4 metros en 5 minutos.
En la Plaza de las palmeras hay dos cafés antiguos, Aurora y El molino.
Buscar las calas está complicado, pero eso es una buena noticia. Hay que dejar el coche lejos y andar bastante. Lo bueno es que llegan sólo los que de verdad tienen interés y al no poder ir cargados con sombrillas, fiambreras y niños pequeños gritones, se está en la gloria.
Acabamos en la cala de Els Allocs, con piedras y un embarcadero. Trepamos durante un rato y llegamos a la playa Pilar, de arena roja donde puedes untarte de barro. Trepando de nuevo para volver, no había nadie así que nos bañamos en el embarcadero. Después del chaparrón en el Mirador, lo mejor del viaje. El agua estaba tan limpia que entraban ganas de bebérsela.
El plato oficial es la caldereta y está de muerte (muerte de placer y muerte para el bolsillo). La payesa es el restaurante del puerto con mejor pinta, pinta de casero. Después, callejeando, dimos con un tesoro: el bar La margarete, en la calle San Juan evangelista, con un jardín interior divino! En Ciutadella, si pides Pomada te traen un tubo de bálsamo Bebé: aquí hay que pedir gin-lemon. La camarera pregunta si pequeño mediano o grande. Mediano. El dueño del bar dice: ¿Seguro que han dicho mediano? Igual aquí no acostumbran a beber, porque el mediano era más pequeño que un vaso de tubo. Eso sí, exquisito, con el hielo granizado y una hojita de menta.
Al hotel volvimos andando y cantando canciones de Alex Chilton. Viva el gin-lemon!
Desayunamos en el mercado, bar Ulisses. El azul nos puede. Bk se ha comprado unos pantlones indios muy bonitos.
De visita al Palacio Salort, por ver cómo vivían los ricos de aquí.
Las calas más famosas son Macarerlla y Macarelleta. No hay que trepar, sólo andar un poco. Por el camino, un tipo nos dice si queremos aparcar el coche en su finca (y te cobra). Más adelante hay un parking público gratuito. Es una playa de arena amarilla con pinos, pero como no hay que trepar para llegar hasta ella hay familias ruidosas. Nadie se bañaba porque había medusas.
Huimos a Cala Blanca, más pequeña y peligrosamente cerca de un hotel, aunque hubo suerte y no había casi nadie.
www.visitmenorca.com www.covadenxoroi.com
Junio 2006.