Llamemos a Txus individuo Uno, puesto que lo conocemos sólo de un par de cervezas, y llamemos Dos a su ex-novia Lidia (guapa pelirroja andaluza). Uno estudió Filología inglesa con Andrés, sacó plaza en un pueblo vecino a Puertollano y allí que se fue. Andrés y Dos, aún en condición de novia, fueron a visitarlo. Uno compartía piso con Tres, una tal Marialuisa (conocida en la facultad como "Harry el sucio"). Según contó Dos después, algo más que piso ya compartían, puesto que de ese viaje se volvió a dos velas, con lo cuál pasó al rango de ex-novia, Andrés acabó vomitando en la boda de Uno y Tres, y yo tuve que hacer encaje de bolillos para sentar a Uno, Dos, y Tres sin que sus espadas se cruzasen en la boda de Andrés y Elisa. Elisa es mi prima y a Andrés lo conocí en el hall de un hotel, pero eso es otra historia.
Bien. De aquel viaje Andrés volvió con los ojos como platos, varios poemas y un sobre sorpresa para mí. Pero no un sobre sorpresa cualquiera, un sobre de los años sesenta, con su traba de Heidi para el pelo, su Anacleto de plástico macizo, su cuaderno de lápiz mágico, su calcomanía de los payasos de la tele, etc. Que había de todo, desde tebeos a chicles podridos, que teníamos que ir, que vas a alucinar, Bono, que vamos a alucinar.
Y pasaron seis años. Salimos de Málaga a las 16.00. Por el camino Alberto se come un bocadillo de tortilla y una lata de cerveza para no perder tiempo. Andrés lleva mapas y ha colocado el GPS en el salpicadero. Para no perdernos, dice, debe de pensar que la autovía es el tren fantasma y sobre todo es que viaja poco. Andrés alucina con todo: los chopos de Granada, los postes sin cable, el olor a alpechín, y pregunta varias veces cuándo llegaremos al punto más alto de despeñaperros. A Elisa se le taponan los oídos.
Alberto tiene idea de parar a tomar café en "Casa Pepe", que igual no está igual, dice, pero que una vez que paró tenía una foto de Franco y otra de Jose Antonio presidiendo. Mi recuerdo del bar es tres o cuatro cuernos de choto colgados del techo (no de la pared, del techo). Bingo: no sólo siguen allí sino que se han reproducido rizomáticamente!! No hay palabras. Si digo que, en el aparcamiento (entendiendo por aparcamiento un cañizo con suelo de tierra) ha pintado los palustres que sostienen la uralita de rojo-amarillo-rojo, que tiene cámaras enfocando dicho aparcamiento, que el pomo de entrada dice "Arriba España" y que al abrir, los cuatro cuernos se han convertido en cincuenta, me quedo corta.
Da miedo. Fotos de Franco, Aznar, Fraga, Jose Antonio, Millán Astray y Tejero mezcladas con toreros. Presidiendo, un escudo de mi tamaño hecho en baldosas con el águila, su yugo, sus flechas...
Los camareros llevan polo verde caqui y, en el lugar del cocodrilo, una bandera española con un lema. Se venden productos "Casa Pepe": botellas de vino, aceite, membrillo, magdalenas, etc. La etiqueta de todos los productos son la bandera con el susodicho escudo. También souvenirs: el clásico llavero con forma de bellota y cientos de mecheros, llaveros y todo tipo de quincalla con el careto de los ya nombrados.
Lo mejor: un conejo disecado, de pie, vestido de cazador. Conejo completo conejo comansi! Andrés vuelve alucinado. Si es que lleva hasta sus cartucheritas, dice. Que si no costara 9.000 pts se lo hubiese comprado. Que es de mentes retorcidas cazar un conejo, vaciarlo y vestirlo de quien lo mató. Me acuerdo de un muñeco Kinder que Francis había robado a su hijo: un robot que se le abría la cabeza y aparecía un tigre que se le abría la barriga y aparecía una cabeza de payaso. El padre del diseñador de los Kinder debe de ser el que diseca los conejos. Fijo.
Llegamos a Ciudad Real a las 20.30. Una chica muy amable nos indica dónde está el hotel. Que dejemos el coche, está ahí al lado, e id andando porque es peatonal. ¡Gracias, guapa!
El hotel mola. Nuestra habitación no tiene baño, tiene una ducha moderna sin limitación con el resto del cuarto de baño y sin cristal ni cortina. Total, yo no voy a tener que secarlo. La de Andrés y Elisa tiene una bañera enorme. Ninguno de los dos tiene bidé. Apuntar que tiene secador. Para otra vez no cargo con el mío. Alberto empieza a gritar: ¡Bidé españó!
Salimos: 10º, frío muy agradable. Esa cosa horrorosa obra de un loco, debe de ser el ayuntamiento. Efectivamente. No damos crédito. La plaza mola: porticada estilo castellano. A mí me daría susto vivir ahí, las vigas están todas combadas. A destacar en un primer piso la peluquería "Jose Mari" con un letrero azul pintado a mano y una esfinge recostada. Alberto está alucinado porque dice que no se ve ni un negro ni un aparca-coches por la calle.
Entramos en el primer bar. Pedimos unos calamares y eso de la cazuela de barro: eran orejas de cerdo troceadas a la plancha. Andrés se las devora. Elisa dice que si se va a comer eso, que tienen hasta pelo. Alberto y yo probamos una al grito de: Oreja española! Observamos que a los demás parroquianos les sirven una tapa con la bebida. De nosotros pasan. El truco es no pedir nada de comer y entonces te lo ponen ellos. Si pides te quedas sin kinder regalo. Así que en el siguiente bar, "El ventero", pedimos vino y callamos como putas. Al momento nos sirven cuatro tapas de pisto manchego. Mola. El logo del bar era un ventero espatarrao tipo el sanchopanza de los dibujos animados. Al ver a los camareros con flequillo-garrulo y mandilones de rayas abrochados hasta el cuello, se comprende el logo. "El tapón" está en una zona más moderna. No sabemos si se llama así por la pelotera de gente que hay justo en la puerta sin dejar entrar ni salir. Que no, que es porque las tapas son grandes! Ah, bueno. Así que más vino y tapones de ¿salchichón con salsa rosa?
Andrés pregunta a unos niños muy pasados por un bar donde ponen hip-hop. Cada uno señala en una dirección. Guay. Que vayamos a la calle de las discotecas. Alberto, con mucha vista, entra en "Don jamón". Hip-hop no sé, pero la banda sonora de "El vaquilla" nos la oímos entera. En la tele una película de Pedro Carrasco. De fondo, ahora, Manolo Escobar o alguno de sus semejantes. Por las paredes fotos de boxeadores y grupos ¿canción ligera? locales. Con el vino, tapa de jamón. ¡Jamón españó!
Andrés vuelve a acordarse del conejo. Andrés siempre había dicho que era para tener dinero y poner una panda de verdiales en Marte para cuando llegaran los de la NASA, se encontraran allí a cuatro viejos tocando el pandero y el violín. Le digo que mola más tener dinero para comprar una legión de conejos cazadores, ponerlos en Saturno, y cuando la navecita de la cámara enfocara, los científicos vieran a los conejos en formación. "Tenemos dos noticias, una buena y otra mala: la buena es que hay vida en Saturno, la mala que son conejos fuertemente armados". El vino, que no perdona.
Me han gustado varias tiendas. A ver si me dejan el domingo hacer alguna foto: óptica la gafita de oro o el luminoso de "Calcetines Jorigu" que tanto miedo me daba de pequeña y a los contenedores de basura, cuyo logo es un escarabajo pelotero cruzando un paso de cebra. Muérete.
Desayunamos en "Don Quijote", claro, aquí todo se llama Sancho, Quijote, Quijote, Sancho. Me estoy aficionando al Cola-cao, observo. Durante el desayuno, Alberto saca unos recortes de un País semanal donde hablan de Cuidad Real. "Las modernas", dice a pie de foto, y se ven tres muchachas con hombreras de salir a volar, que deben de estar a estas alturas cargadas de varices y críos en edad coceadora. Te has traído un recorte del año 85 colega! Tengo otro del 99, no te encabrites que vas a derramar el colacado.
En el del 85 dice que en la Plaza Pío XII hay una locomotora. En la foto se ve. Es preciosa e inmensa. Visitamos el mercado, que está como una patena. Paramos a un señor con pinta de llevar mucha prisa (lleva unos papeles de hacienda en la mano; su nombre en una pegatina: Antonio Buitrago Malagón) que nos explica detalladamente donde está la plaza, pero no dice nada de la locomotora. No la encontramos y tenemos prisa por llegar a Puertollano, que es a lo que hemos venido.
A la salida de Ciudad Real, La poblachuela: cuatro casas tristes y un cartel maravilloso (de historias para no dormir) que anuncia los productos de "La abuela Hipólita, Sociedad Limitada". La foto en blanco y negro de 3 metros de la tal abuela impone. Restaurante "Porretas" al otro lado de la carretera. Río Jabalón, árboles sin hojas con pájaros, cables con pájaros.
Puertollano. El estadio se llama Sánchez Menor. Andrés saca la PDA y dice: Objetivo Cañerías, 23. Preguntamos a un guardia. Que todo recto. Casi corremos. De pronto Andrés dice, el muy zorro, que le han dicho que creen que han cerrado el kiosco. Y lo dices ahora, ¡cabrón!
Subimos una cuesta y vamos contando los números. Se ve un cartel como de repuestos para motos y otro con letras de colores donde se lee "La comita,". Está abierto! Y entramos a trompicones. Andrés dice que mejor no le digamos al dueño que hemos venido dándonos patadas en el culo desde Málaga porque nos cobraría a precio de oro.
-Buenos días.
-Buenas. Vosotros no sois de aquí.
Silencio incómodo total. Miro hacia la izquierda (una especie de almacén abigarrado donde dos niños echan una batallita warhammer) y no puedo reprimirme:
-¡¡Una caja de Dunkin!!
-No te hagas ilusiones, que los chicles están podridos.
-¿Puedo olerlos por lo menos? Es que vengo desde Málaga sólo para olerlos.
Y a partir de ahí, Alfonso, nos dice que si no tenemos prisa nos saca todo lo que tenga. Lo que tenga a mano, claro, que lo del almacén no sabe ni dónde ni cómo.
Y es que esto no tiene mucha salida. Los cromos, lo que más, dice. Vende los álbumes vacíos a 1.500 y las estampas aparte porque hay coleccionistas que lo prefieren así. Eso lo vende por internet, pero a lo que se dedica de verdad es al "Warhammer", que tiene premios de mejor pintados de España. Que no nos confundamos, que warhammer no tiene nada que ver con rollos de esos de roll.
-Ya. Y muñecos de los chicles Dunkin, ¿tienes?
-Ahí.
En la estantería varios botes de plástico. Uno con marcianos, otro con animales y otro con personajes de tebeo. Andrés se lanza a los marcianos, yo a los de tebeos. Están todos! De esa época sólo conservo a Sacarino. Veo un Rompetechos naranja: mío!
-Y de Disney, ¿no tienes?
-No. ¿Te gusta Rompetechos?
-Mi héroe.
Que qué bien encontrarse con una fan de Rompetechos, que no hay muchos, que todos son de Mortadelo, y me saca un taco de "Mini-tíovivo" de los años 70!!
Andrés encuentra unos tomos de nosequé monstruo y coge uno creyendo que le va a cobrar 2.000.
-A 400, ya que habéis venido de tan lejos.
Mientras entran niños a comprar pinturas para los warhammer, y escudos y goblins. Tres niñas le dicen, Alfonso, que sólo tenemos 17 pesetas, a ver cómo lo hacemos. Y el otro les da unas fresas de goma, unos caramelos, unos chicles y les dice que sean buenas. Mola el Alfonso, que no lo he dicho, pero que se parece mucho a Manuel Rivas.
-No tenéis prisa, ¿verdad? -mientras sigue atendiendo a los niños-.Yo tengo pocos juguetes de entonces porque yo nací en una pensión y nunca tuve habitación propia. la pensión estaba en esta casa. Sólo conservo los soldados y los indios. Tengo unos 3.000. Los coleccionistas quieren cosas de juguetería, no de kiosco, así que esto poca salida, sólo los cromos. Les compré todo a Paulino y El cojo cuando cerraron sus kioscos, ahora voy a comprar a un almacén que hay por Toledo y a otro de Tomelloso. Hay una nave enorme donde tienen amontonados todo lo que podáis imaginar. Pero claro, como algunos juguetes de kiosco llevaban caramelos o chicles, yo he visto allí nidos de bichos que no sé ni lo que eran. Querían que me lo llevara todo. Me lo sacaban de allí a palas. Yo no podía. Así que me traje lo que pude, lo que no estaba podrido. ¿Tú no querías Dunkin? Ten, te lo regalo.
Y me da un sobre de "Artes marciales" con un chicle. El chicle huele de miedo. El papel transparenta varios agujeros.
-No te lo vayas a comer! ¿Queréis ver mariquitas y recortables de casas y soldados?
Andrés aparta cuatro para él y Alberto otros cuatro. Alberto se lleva mariquitas con vestidos de enfermera para regalar a sus amigas del hospital. Yo cojo mientras estampas de futbolistas y de Hanna-Barbera. Por allí veo tebeos "Pumby".
Se sube y baja una caja. Dice que es suya, que es lo que se ha guardado para él. Dentro hay unos visores de plástico verde y gris donde se colocaba una micro-diapo. Alucino. Tiene de todo. Hasta unas pelotillas de goma mala que olían a goma mala. Me da una para que la huela. Tengo 6 años y me acaban de comprar unos zapatos Gorila, mañana empieza el colegio y tengo ganas de sacar punta a los lápices.
-¿Qué?
-Uff.
-Te la regalo.
Dice que también tiene a La Familia Telerín. Que para otra vez lo llamemos antes y se pasa la noche en el almacén buscándonos cosas. Siempre igual: cuando algo me supera así me pasa lo contrario que a Andrés, que se lo va a llevar todo: quiero irme de allí de vacío: me pesa todo: tenerlo no va a mejorar la sensación de haberlo sentido otra vez, después de 30 años, cerca.
Nos vamos. Objetivo número uno cumplido. ¿Pero es que había número dos? Sí: probar el agua de "La fuente amarga". Efectivamente, en mitad de la plaza del pueblo (pueblo que tiene más habitantes que Ciudad Real) hay una fuente de cuatro caños donde los locales hacen cola con botellas de Coca-cola en carritos de la compra para llenarlos de agua.
De la fuente cuelgan unos jarillos-asesinos, diseñados por un primo del que diseca los conejos-cazadores: regaderas de lata donde todos los rebordes por donde se pudiera beber tienen un meléfico acabado en pinchos de tétano total 2: hay que beber como en porrón. El agua tiene hierro, nos dice un paisano, que es el agua que se bebe en casa a diario y si se quiere también sirve para guisar. Que desde que construyeron ese bloque -y señala- el agua ha perdido fuerza. Que antes era como de sifón. Que hace mucho tiempo, el Juli, un tullido, venía a la fuente y te la llevaba a tu casa. La probamos. Sabe a chupar las cadenas de un columpio.
Hay que comer. Entramos en "Mesón manchego". Nos dicen que no, que de comer no dan, que nos puede dar unas traviesas. Que nos las dé. Patatas bravas. Pos vaya. Le preguntamos a unos policías que dónde dan de comer: "El brillante". Allá que vamos, Alberto diciendo ¿pero dónde están los negros?, y Andrés cantando en Tuvano. Lo acompaño. Con la barriga llena pedimos ir a la refinería de petróleo. Oh! Inmensa! Una chimenea suelta el humo más blanco y más denso que yo haya visto. De otra, una llama naranja preciosa que contrasta con el azul del cielo.
-Mira, Kandisnski: el azul busca el naranja.
-No te pongas idílica.
Andrés dice que el Castillo de Calatrava la nueva está cerca. Que lo recuerda enorme. Subimos. Dice que no lo recordaba tan enorme. 46.000m2 dice un cartel. La iglesia impresiona no por la iglesia en sí, que está vacía, sino al imaginar el ambientazo que tenía que haber allí la noche antes de salir a la batalla, los caballeros de calatrava velando las armas.
Querer llevarme el frío, el olor del frío, los olores, la luz, el olor de la luz, las piernas alargadas por la luz, el frío en las piernas y correr escaleras arriba, hacia la torre más alta. Provoco a Andrés, un poquito:
-Oye, pues aquí el tuvano debe de sonar de miedo.
Tiempo le ha faltado. Suena de miedo, sí. Dice que le gustaría venirse con su disfraz de maestro de las sombras para asustar a los turistas. Turistas no hay. Elisa sale avergonzada de la iglesia diciendo: anormal, anormal total.
Pasamos por Calzada de Calatrava. Almodóvar españó! Y a la entrada la fábrica del pegamento ymedio. Andrés pide parar para hacerse una foto, pero no hay arcén ni manera. Para otra vez.
Almagro. Todo el camino me lo he pasado diciendo lo bonito que era Almagro, lo bien que comimos allí, las fotos de folleto turístico que hice. Al bajarme del coche me doy cuenta de que yo hablaba de Trujillo. Qué bien te orientas, bonita. Y otro Cola-cao en el bar "Maestre" donde tienen de tapas huevos duros. La plaza mola mucho. Alargada y pintada de verde. El corral del teatro está cerrado. Nos paseamos. Qué frío más bueno. Entro en una tienda a comprarle a Alberto, ahora que no me ve, un incensario porque dice que la casa de Mijas no huele a nada (ya compró un devorolor de esos que se enchufan y fue peor). La señora de la tienda nos pregunta si pasaremos la noche en Almagro. Que no.
-Es que tocan unos chicos, música celta. Se llaman "Akelarre" pero son muy buenos.
-Es que nos vamos ya.
-La entrada es a 500.
Desde lejos se ve una torre iluminada en Miguelturra. Vamos. Alberto dice que una prima de su padre se casó con uno de Miguelturra. Que en la guerra allí no pasaba nada y por eso la mandaron allí de jovencita, y allí se casó. No vale mucho, salvo la Jefatura Provincial de la Falange de la Jons. Jarl! Qué pasado de moda todo! Falange española!
De vuelta al hotel, me leo el Rompetechos y huelo la pelota. Alberto se lee los recortes del 85 y dice que cenaremos en "Don Farruco".
-Así me llamaba mi madre de pequeña: Doña farruca.
-Ya te veo.
Comemos bien. Muy bien. Yo he aprendido que por la noche no hay que pedir postre si uno no quiere morir abrasado por el ácido clorhídrico. Lo digo. Alberto pide brazo de gitano y Andrés natillas. Le ponen un perolo. Elisa le ayuda. Desde ayer que Alberto tiene antojo de ir a "El ángel azul" bar de ambiente. Andrés dice que si le quiere decir algo.
Está cerrado. Un tipo camilosesto está en la puerta llamando al timbre.
-Nada, que no me abre -me dice- y yo estoy oyendo gente dentro.
Un calvo con bigote, vilaspípol treinta años después, nos abre la puerta, besa a camilosesto y nos saluda muy sonriente. Hay tres personas. Decoración, carteles de cine; música, banda sonora de "Kansas city". Mola. El calvo es adorable. Cada cinco minutos va a abrir la puerta, besa a los que entran y se vuelve detrás de la barra. El bar está lleno.
Pienso en que cuando vuelva a casa tengo que hacer una lista de todos los juguetes que he tenido.
-Cuando volvamos, voy a hacer una lista de todos los juguetes...
-Ya estamos con las listas.
-...y de los zapatos.
Nunca tuvimos una habitación de hotel tan larga ni con tantas rayas. Me gustan las cortinas. Se me olvidó meter el despertador en la maleta, así que Andrés se encarga de despertarnos. Suena. Que dice que no van a salir esta mañana porque se ha pasado la noche vomitando. Las natillas.
Desayunamos en la plaza. Otro Cola-cao. Por las calles no hay nadie y son cerca de las once. El periódico se llama "Lanza". Visitamos una iglesia pequeña y correcta. Me llama la atención el rosetón de la entrada: vidriera en espiral. La catedral no está mal. Con un retablo también muy correcto. Al lado de la catedral el museo dedicado al pintor local Manuel López Villaplana (no estoy segura de si era Villaplana). Lo vemos mientras Andrés y Elisa desayunan.
Han reconstruido un palacio y se lo han dedicado al pintor como en Ronda han hecho con Francisco Peinado. Y como en el de Ronda, somos los únicos que lo visitan a pesar de ser domingo. Los cuadros recuerdan vagamente a los de Antonio López. Menos realistas. Más texturas.
Hacia Bailén. Pensábamos comer allí, pero decepciona y salimos pitando. Al pasar por Mengíbar, a la ida, vimos una ¿fábrica de pitufos?: Smurfit. A la vuelta vemos que es una planta de reciclaje.
-¿De reciclaje de pitufos?
Llegamos a Jaén. No tenemos ganas de buscar y paramos junto a la plaza de toros: "Mesón Alameda". A Andrés le apetecen pepinillos y Coca-cola, así que ya está bueno. Elisa dice que de eso nada, que una sopita y que esta noche emblanco. Coca-colas se toma dos.
Vuelta por Jaén. Feo. Lo recordaba peor de todos modos. Lo mejor es que en Bernabé Soriano, 20 "La pilarica" hemos visto que tienen biberones mágicos y latas de caramelos del año la pera. Verás que vamos a tener que volver.
De este viaje lo que más me ha gustado no ha sido volver con una pelota de goma y un Rompetechos. Me ha gustado la sensación de volver a creer a ciegas. Al entrar en la tienda y ver la caja de Dunkin, pensar por unos segundos que allí estaba todo. Volver a creer así, como cuando tienes seis años y piensas que todo está por llegar.
Enero, 2002.
