La mayor parte de las etiquetas proceden de nuestros viajes entre Málaga y Madrid en la década de los 80. La Carretera Nacional IV pasaba por todos los pueblos situados en las proximidades de una línea imaginaria entre ambas ciudades. Sin saltarse ni uno. Parar en un bar de carretera y pedir "un té con leche" era abrir una puerta a un mundo lleno de las sorpresas que la imaginación celtibérica podía deparar.

Las sorpresas estaban, no sólo en la marca del té, también en cómo te lo podían poner. En una parada en un bar de Guarromán, provincia de Jaén, y al pedirle al joven camarero "un té con un poquito de leche fría", el chaval repitió la frase para comprobar que había oído bien y, a continuación procedió a servir dos dedos de leche fría en un vaso al que añadió la bolsita de té.

Esta es nuestra colección de marcas celtibéricas de té.

Nos gusta imaginarnos al industrial agrario de un pueblo de Albacete o Murcia (la mayor parte de las marcas celtibéricas de té proceden de esas provincias) sentado en el despachito de su nave industrial pensando en nombres, unas veces con ecos cosmopolitas (Royal Flag, Lincoln, Parsifal, Lovers) otras con resonancias totalmente hispanas (El pichón, Jauja, Mariló) y otras en las típicas combinaciones de sílabas con resultado surrealista (Toscaf, Mité, Mansaflor).

Hoy en día, con lo de la globabización y con eso de que las autovías han esquivado todas las ventas, pueblos y pueblecitos de nuestra geografía, es mucho más difícil encontrar marcas peregrinas de té. De todas formas, la semana pasada, encontramos el té "Las candelas", lo que demuestra que el genio de la imaginación hispana en los despachitos de naves industriales de pueblo, sigue vivo.

Alb&Co. Málaga, Octubre de 2002